2.- Píldoras de formación: EL PADRE NUESTRO: LA ORACIÓN


Sí, es “la oración”. De entre todas las oraciones posibles con las que dirigirnos a Dios, para los cristianos ésta es “la oración”. Por su origen y por su contenido. Viene de Jesús que se la enseñó a los apóstoles, y ha sido usada como modo de oración oficial desde el inicio de la vida de la Iglesia. Si alguna oración hemos de saber de memoria, no les quepa duda, es la oración del Padre Nuestro. 

Padre Nuestro, que estás en el cielo,
santificado sea tu nombre;
venga a nosotros tu reino;
hágase tu voluntad, en la tierra como en el cielo. 

Danos hoy nuestro pan de cada día;
perdona nuestras ofensas,
como también nosotros perdonamos a los que nos ofenden;
no nos dejes caer en la tentación,
y líbranos del mal. 

Amén. 

Habría que hacer una campaña de renovación de la conciencia de la comunidad cristiana al respecto de la importancia de esta oración. Y no solo sabérnosla, sino usarla muchas veces, en cualquier ocasión, en toda ocasión. No debería comenzar un días sin que ocupara un espacio en nuestra oración, así como no deberíamos terminar el día sin que nuestros labios y nuestro corazón hiciera resonar la oración dominical. 

¿Qué pudieras decirle a Dios que no esté contenida en ella? ¿Qué más merece nuestra relación con Dios que no esté incluida en este texto? 

Rézale e invita a rezarla. 

Alabanzas, súplicas, petición de perdón, anhelo de libertad, conciencia de cotidianidad, disponibilidad a su voluntad… Esto y más. Y no solo por su contenido, que lo incluye todo, sino por su origen divino. Jesús respondió a la súplica y petición de sus dicípulos que deseaban que el Maestro les enseñara a rezar, dándoles esta oración: “Cuando oréis decid así: (…)”. Igual que la Misa es respuesta a lo que nos pidió que hiciéramos en memoria suya, el Padre Nuestro es la oración a la que nos invitó. ¡Cuántos santos y santas se han enriquecido revistiendo su amor a Dios y al prójimo con estas benditas palabras de Jesús…

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