En el lenguaje bíblico y teológico, el “cielo” al que asciende Jesucristo no debe entenderse como un lugar físico situado “encima de las nubes”, como si fuera una región del universo. La Ascensión expresa, sobre todo, una realidad teológica y espiritual: Jesús entra plenamente en la gloria de Dios.
Cuando el Nuevo Testamento dice que Cristo “subió al cielo” (cf. Hch 1,9-11), utiliza un lenguaje simbólico comprensible para la mentalidad antigua, donde “arriba” evocaba lo divino y “abajo” lo terreno. Pero la fe cristiana no enseña que Dios habite en un punto del cosmos. Dios trasciende el espacio y el tiempo.
Teológicamente, el cielo es:la comunión plena con Dios,
la participación definitiva en su vida y su amor,
el estado de plenitud y gloria para el que ha sido creado el ser humano.
Por eso, decir que Jesús asciende al cielo significa que:su humanidad entra definitivamente en la gloria divina;
el Resucitado participa plenamente del señorío del Padre;
la historia humana queda abierta a la eternidad de Dios.
El Catecismo de la Iglesia Católica explica que la Ascensión no es un “viaje espacial”, sino la entrada de la humanidad de Cristo en el ámbito definitivo de Dios. La nube de los relatos bíblicos simboliza precisamente el misterio de la presencia divina, igual que en el Sinaí o en la Transfiguración.
Además, la Ascensión tiene un profundo significado antropológico y esperanzador: en Cristo, la humanidad llega a su destino final. Donde está Él, está llamada a estar también la humanidad redimida. Por eso la liturgia dice: “la Ascensión de Cristo es ya nuestra victoria”.
Muchos teólogos contemporáneos han insistido en esta idea:
Karl Rahner hablaba del cielo como la consumación absoluta de la existencia humana en Dios;
Joseph Ratzinger explicó que el cielo no es un lugar astronómico, sino “estar con Cristo”;
Hans Urs von Balthasar subrayó que el cielo es la plenitud del amor trinitario compartido con la criatura.
El cielo, en sentido cristiano, no es tanto “dónde” se está, sino “con quién” se está: la vida plena en Dios.
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