Fiesta de Santiago, Apóstol. (25 de julio)


En la memoria del apóstol Santiago contemplamos la vida de quien respondió con generosidad a la llamada de Jesús, hasta entregar su existencia por el Evangelio. Su testimonio nos recuerda que la fe no se reduce a palabras, sino que se hace servicio, fidelidad y entrega cotidiana. También hoy la Iglesia necesita hombres y mujeres que vivan con la misma disponibilidad apostólica, sembrando esperanza allí donde parece imponerse el desaliento. 

La celebración de la Eucaristía nos invita a renovar nuestra vocación de discípulos y misioneros. Como Santiago, estamos llamados a anunciar con humildad la verdad, a construir puentes donde hay distancia y a ofrecer nuestra vida para que otros descubran la alegría del encuentro con Cristo. Toda auténtica misión nace del amor y se expresa en el cuidado de las personas y en la búsqueda incansable del bien común. 

Encomendemos especialmente a España a la intercesión de su santo patrón. Pidamos que sepamos superar la crispación, el enfrentamiento estéril y la desconfianza mutua, creciendo en una auténtica cultura del diálogo, del respeto y de la responsabilidad compartida. Que el ejemplo del apóstol Santiago nos impulse a fortalecer el espíritu democrático, entendido como compromiso con la dignidad de toda persona, la búsqueda de la verdad y la construcción de una sociedad más fraterna, justa y esperanzada.

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