Una plaza abierta, una Iglesia sin barreras




La reestructuración de la plaza de Santo Domingo es una buena noticia para toda la ciudad y, de manera especial, para nuestra comunidad parroquial. Queremos expresar nuestro agradecimiento por una actuación que ha embellecido este espacio y, sobre todo, ha permitido superar barreras arquitectónicas, facilitar la accesibilidad y hacer posible que todas las personas puedan acercarse y transitar por él con mayor comodidad y seguridad. 

Una plaza accesible expresa también una manera de comprender la convivencia: nadie debe quedar fuera, encontrar obstáculos innecesarios o sentirse excluido de los espacios que pertenecen a todos. La eliminación de barreras no constituye únicamente una mejora urbanística, sino un gesto de respeto hacia la dignidad de cada persona y una invitación a construir una ciudad más humana, acogedora e inclusiva. 

Esta renovación nos recuerda las palabras del papa Francisco sobre una Iglesia en salida, con las puertas abiertas y capaz de acoger a todos. También nosotros deseamos que Santo Domingo sea una comunidad sin barreras: abierta al encuentro, cercana a quienes más lo necesitan y dispuesta a recibir a cada persona tal como es. Que la nueva plaza sea signo visible de una Iglesia que sale, escucha, acompaña y ofrece siempre un lugar para todos.

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