Fiesta de San Miguel Arcángel
29 de septiembre de 2026 — Parroquia de Santo Domingo de Guzmán
185 años de la Policía Local de San Cristóbal de La Laguna
Queridos hermanos y hermanas:
Hay días en los que una ciudad no solamente recuerda su historia, sino que, de alguna manera, se reconoce a sí misma. Y creo que hoy es uno de esos días para San Cristóbal de La Laguna.
Esta mañana, en el Teatro Leal, nuestra ciudad se detenía para celebrar los 185 años de presencia y servicio de su Policía Local. Ha sido un momento para agradecer, para reconocer trayectorias y para poner de manifiesto algo que muchas veces, por cotidiano, podemos dejar de percibir: que una ciudad no se construye solamente con calles, edificios e instituciones. Una ciudad se construye, sobre todo, con personas que cuidan de otras personas.
Allí estuvieron representadas muchas de las realidades sociales, jurídicas, militares, políticas e institucionales con las que nuestra Policía Local comparte diariamente su servicio. Y ahora, al terminar este día de celebración, venimos a este templo para poner ante Dios tantos años de historia, tantas jornadas de servicio, tantos nombres y tantos rostros. Lo hacemos en la fiesta de San Miguel Arcángel, patrono de nuestra Policía Local.
Y hay una imagen profundamente lagunera que quisiera proponer esta tarde.
La Laguna nació como una ciudad sin murallas. Mientras otras ciudades necesitaban rodearse de piedra para protegerse, esta ciudad fue concebida abierta. Y, sin embargo, toda ciudad necesita ser custodiada. Toda convivencia necesita personas que velen por ella. Toda comunidad necesita saber que, cuando llega el peligro o aparece la dificultad, alguien estará allí.
En los orígenes de nuestra ciudad, Alonso Fernández de Lugo vinculó a San Miguel con aquella nueva realidad urbana. Muy pronto, junto a la plaza del Adelantado, quedó levantada su ermita y su nombre quedó unido para siempre a la historia de La Laguna.
Por eso me gusta pensar hoy en una imagen: San Miguel fue, de alguna manera, la muralla espiritual de una ciudad que no tenía murallas de piedra.
No una muralla que encerrara.
No una muralla que separara.
No una muralla levantada contra los demás.
Una muralla que custodia. Una presencia que protege. Una defensa que permite vivir sin miedo.
Y quizá aquí encontramos una hermosa imagen para comprender también la misión de nuestra Policía Local.
Porque la Policía Local está precisamente ahí, en la cercanía de la vida cotidiana. En nuestras calles y plazas; junto a nuestros colegios; regulando el tráfico; acompañando una procesión; atendiendo un accidente; acudiendo cuando alguien tiene miedo; interviniendo en un conflicto; ayudando a quien está desorientado; estando presente cuando otros necesitan que alguien llegue.
Hay trabajos cuya importancia se descubre especialmente cuando algo falla. Pero quizá sería mejor aprender a agradecerlos también cuando todo funciona. Detrás de muchas jornadas aparentemente normales hay personas que han velado para que esa normalidad fuera posible.
La primera lectura de esta fiesta nos presenta una imagen poderosa: Miguel y sus ángeles combatiendo contra el dragón. Es el gran lenguaje simbólico del Apocalipsis para hablarnos del combate entre el bien y el mal.
Pero conviene comprenderlo bien. Para un cristiano, las personas nunca son el enemigo. El verdadero combate se libra contra aquello que destruye a las personas: contra la violencia, el abuso, la injusticia, la mentira, la indiferencia, el miedo, la soledad, el desprecio por la dignidad humana.
Y ahí San Miguel puede ser para vosotros no solamente patrono e intercesor, sino también modelo.
Su propio nombre encierra una pregunta: «¿Quién como Dios?»
Es una pregunta que nos recuerda algo fundamental: ninguna autoridad es absoluta. Todo poder encuentra su grandeza cuando se pone al servicio del bien. Toda autoridad se ennoblece cuando sabe que no existe para sí misma, sino para los demás.
Por eso el uniforme no hace menos humana a la persona que lo lleva. Al contrario: debería hacer todavía más visible la responsabilidad de quien sabe que otros pueden necesitar de él.
Y posiblemente, después de 185 años, esta sea una de las palabras que mejor definan a nuestra Policía Local: cercanía.
Porque hay una forma de proteger que no consiste solamente en evitar el peligro. Hay también una manera de proteger que consiste en escuchar, orientar, tranquilizar, acompañar.
A veces una palabra dicha en el momento oportuno evita un conflicto. Una presencia serena devuelve seguridad. Una mano tendida ayuda a alguien a levantarse. Una mirada respetuosa puede recordar a una persona que, incluso en su momento más difícil, continúa teniendo dignidad.
El Evangelio de hoy nos ofrece otra imagen bellísima. Jesús dice a Natanael: «Veréis el cielo abierto y a los ángeles de Dios subir y bajar sobre el Hijo del hombre».
El cielo abierto.
Qué imagen tan hermosa para esta ciudad sin murallas.
Los ángeles, en la Biblia, son mensajeros y servidores. Hacen presente la cercanía de Dios allí donde el ser humano necesita descubrir que no está abandonado.
Tal vez esa pueda ser también una forma hermosa de comprender todo servicio público: hacer que nadie se sienta abandonado.
Que el anciano que necesita ayuda sepa que alguien acudirá.
Que la familia que vive una dificultad pueda encontrar una respuesta.
Que quien ha sufrido un accidente no se encuentre solo.
Que nuestras calles sean espacios de convivencia.
Que nuestros niños puedan crecer sintiendo que su ciudad los protege.
Que quien tiene miedo encuentre una presencia que le devuelva serenidad.
Esta mañana habéis recibido reconocimientos. Y es bueno que una sociedad sepa agradecer. Pero esta tarde, ante San Miguel, quisiera que nuestro reconocimiento llegara también a tantas personas que quizá nunca recibirán una medalla ni subirán a un escenario: a quienes durante estos 185 años sirvieron a esta ciudad; a quienes hicieron guardias interminables; a quienes volvieron a casa preocupados por lo vivido durante una jornada; a quienes tuvieron que tomar decisiones difíciles; a quienes ayudaron sin que nadie lo supiera.
Y permitidme recordar también a vuestras familias.
Ellas conocen otra cara del uniforme. Conocen los horarios, las ausencias, las preocupaciones, las llamadas inesperadas. También ellas forman silenciosamente parte de vuestra entrega.
Dentro de unos momentos saldremos en procesión con la imagen de San Miguel.
Y cuando San Miguel vuelva a recorrer las calles de La Laguna, podríamos mirar la ciudad de una manera distinta.
No simplemente como calles por las que pasa una procesión, sino como personas que nos han sido confiadas.
Una ciudad es verdaderamente grande cuando sabe cuidar a quienes viven en ella.
Por eso hoy pedimos a San Miguel que siga siendo esa muralla invisible de La Laguna. Que proteja nuestra ciudad, nuestras familias y a quienes tienen la misión de cuidarlas.
Y especialmente a vosotros, miembros de nuestra Policía Local, después de 185 años de servicio, quisiera deciros sencillamente:
Seguid siendo cercanos.
Sed firmes cuando haya que defender el bien, pero siempre humanos.
Custodiad la ley, pero no olvidéis nunca a la persona.
Proteged nuestras calles, pero cuidad también los pequeños gestos que hacen posible la convivencia.
Y cuando el trabajo sea difícil, recordad que detrás de cada uniforme hay una vocación de servicio y detrás de cada intervención hay siempre una persona cuya dignidad merece ser protegida.
Que San Miguel Arcángel, patrono e intercesor, os acompañe.
Que sea vuestro modelo de fortaleza, de fidelidad y de servicio.
Y que La Laguna pueda seguir siendo una ciudad sin murallas de piedra porque cuenta con hombres y mujeres dispuestos a convertirse, desde la cercanía, en una muralla de cuidado, de protección y de paz.
Que así sea.
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